miércoles, 8 de abril de 2009

UAP: EXPERIENCIAS DE UNA VIDA


Llegas a la terminal de Omnibus y ya el ambiente y el aroma que se respira es bastante diferente. No digo, a la caótica y masificada Buenos Aires (gran ciudad por cierto) sino a los distintos pueblos y pequeñas ciudades que se extienden a lo largo de la ruta antes de llegar a la Villa. Se respira "adventismo" por cada esquina en la que se detiene uno, en cada tramito de la "vereda" y ni hablar de en la entrada de nuestra afamada universidad. Te mantienes todavía fuera de lugar -¡No pensaste que estarías tan lejos!- expectante y observador de todo cuanto te rodea (conocido por fotografías y vídeos vistos en la internet). Ya luego te empiezas a adaptar y a acomodarte, pensando en que tu espiritualidad seguirá el curso que la misma universidad ofrece, pero a medida que pasa el tiempo te das cuenta que dejarse llevar en ese torrente de corriente no te conduce a una espiritualidad personal sino a una expresión (adecuada para lo que es) común y amplia de un mismo sentir confesional. A pesar de todo este motor que mueve a la Universidad Adventista del Plata, muchos jóvenes pretendiendo hallar en este sistema su respuesta a una relación estrecha con Jesús. Pero en esto vemos como hay muchos peces que aún dentro del mar, son capaces de ser arrastrados por la marea y echados fuera, simplemente por dormirse entre el vaivén de las mareas que dominan nuestro entorno.

Hubo un joven que vivió esta situación. Toda su vida fue metódico y nunca (aparentemente) error en su caminar cristiano. Hacía sus devocionales (para ser presentados en preceptoría puntualmente), elaboraba con esmero su estudio de la lección de Escuela Sabática y todas las actividades públicas en las que podía inmiscuirse eran realizadas de la manera más perfeccionada posible, pero tenía un problema y era que a pesar de todo esto, su vida estaba perdida en medio de todo el mecanismo que su sociedad había preparado para que la espiritualidad se respirara en el ambiente. Es cierto, tu sociedad, tu universidad... todo lo que te rodea, es decir tu ambiente en si, puede hacer mucho por ti, cosas que realmente valen y te ayudan en tu andar día a día... pero si descuidas tu relación personal con Jesús como hizo el joven rico, muy probablemente no responderás con un llamado positivo cuando te llame a su encuentro.

Cada día acude a Jesús sea cual sea tu realidad, sin dormirte en los laures de todo cuanto rodea tu realidad... simplemente agárrate de el para que en los momentos de elección puedas mirarle y decirle: ¡SI!